EL PRÍNCIPE DE LAS NUBES El poeta se asemeja al príncipe de las nubes. Baudelaire. Sumido en el letargo de su valle, atrincherado contra el tiempo, emerge el pueblo al que ahora regreso y que me recibe con la suave brisa del meditarráneo, haciéndome levantar la frente para ver el cielo azul de septiembre. Hace años, un sábado como hoy, estarían compitiendo los colombaires con sus palomos de colores lanzados al vuelo como fragmentos de arcoíris, mirando desde las azoteas la danza de plumas o estrellas fugaces a las que apostar el almuerzo; pero hace tiempo que apenas hay gente aquí y nadie cría ya niños ni pájaros, solo recuerdos. Cuentan tras los visillos de las abandonadas calles, que el último en soltar sus aves fue Miguel, el poeta, quien jamás compitió con el resto y siempre esperaba a que retornaran los palomos a las jaulas de sus vecinos para iniciar su obra, un poema efímero y nuevo cada semana, con la tinta invisible del aleteo amaestrado de su par...